En el mundo de las constelaciones familiares, la brujería y las maldiciones dejan de ser simples supersticiones para convertirse en metáforas vivas de mandatos familiares.
¿Te has preguntado si una maldición puede heredarse? En este artículo exploramos la brujería y las maldiciones en constelaciones familiares desde una mirada sistémica.

Hay preguntas que resuenan en lo más hondo de la historia familiar: ¿por qué ciertas desgracias se repiten? ¿Es posible que una palabra dicha hace siglos aún tenga efectos en el cuerpo de un descendiente? ¿Qué hay detrás de esa sensación de estar «atrapado» por un destino que no se eligió?
En el mundo de las constelaciones familiares, la brujería y las maldiciones dejan de ser simples supersticiones para convertirse en metáforas vivas de mandatos familiares, lealtades invisibles, exclusiones y conflictos de poder energético. Te invitamos a recorrer, con una mirada cercana y terapéutica, lo que grandes pensadores sistémicos han iluminado sobre estos fenómenos.
Stephan Hausner: la maldición como exclusión y enfermedad
Hausner, desde la medicina sistémica, nos muestra cómo síntomas graves como la psicosis pueden estar vinculados a eventos históricos familiares que fueron interpretados como «maldiciones» durante décadas.
El caso de la «Bruja de México» (1880)
En su obra Aunque me cueste la vida, describe a una paciente de 45 años con esquizofrenia paranoide. Su hijo también sufría de TDA. La familia completa creía estar bajo una maldición desde 1880.
Durante una constelación, la paciente entró en pánico gritando: «¡Es el diablo! ¡Satán, desaparece!». La investigación posterior reveló algo conmovedor: una antepasada joven había sido quemada por bruja en un pueblo del norte de México en 1880. Antes de morir, ella maldijo a toda la comunidad. Además, existía el rumor de que el abuelo de la paciente había tenido una relación amorosa con esa mujer y huyó por miedo a la Inquisición o al linchamiento.
La resolución llegó cuando Hausner configuró un representante para el «diablo», que resultó ser la imagen proyectada del miedo de la antepasada quemada. El síntoma —la psicosis— era en realidad una identificación con el miedo y la culpa de aquel evento. La sanación comenzó cuando la paciente pudo mirar a la antepasada no como una bruja, sino como una mujer aterrorizada, integrando su dolor en el alma familiar.
Anne Ancelin Schützenberger: el «estrés de profecía»
Schützenberger nos regala un concepto clave: la palabra hablada de un ancestro puede actuar como un hechizo en el cuerpo de los descendientes.
El mal de ojo como destino
Define el «mal de ojo» o la «mala suerte» como un estrés de profecía. Esto ocurre cuando una palabra fuerte —una maldición o un augurio— instala la idea de muerte o accidente en la mente de la familia, volviéndola «previsible» en el cuerpo, el espacio y el tiempo para las generaciones futuras.
El caso del sacerdote y el «angelito del cielo»
Una mujer acudió a ella porque todos los hijos mayores de su familia morían jóvenes desde hacía siete generaciones. La consultante vivía esto como una maldición familiar incomprensible.
Tras realizar el genosociograma, llegaron hasta la Revolución Francesa. La familia —campesinos de Saboya— había escondido a un sacerdote del Terror. Al salir de su escondite, el sacerdote los bendijo diciendo: «Como agradecimiento, el mayor de cada generación velará sobre vosotros».
La familia entendió «velar» como «morir para ser un ángel que cuida desde el cielo». Sistémicamente, esa «palabra fuerte» se convirtió en una orden de muerte. Schützenberger resolvió el caso reencuadrando la frase: sugirió que la hija —que estaba enferma de asma— podía «velar» por la familia siendo médica o enfermera. Tras este cambio de marco, la niña sanó y fue la primera primogénita en sobrevivir en doscientos años.
Daan van Kampenhout: el riesgo chamánico de la representación
Este autor nos advierte con sensibilidad sobre un peligro poco nombrado: herir el alma durante los procesos de sanación si no se tiene el respeto adecuado.
Ataque al alma en la representación
En el chamanismo tradicional, se utiliza el principio de crear un vehículo (muñeco o representante) para el alma de una víctima y atacarla violentamente. Van Kampenhout advierte que, de forma involuntaria, una constelación mal dirigida puede actuar como un «trabajo de brujería» si un representante es maltratado en la escena.
El caso de la lesión del alma (personal)
Él mismo relata una experiencia profunda: representaba a una víctima judía de la Kristallnacht. El representante del perpetrador frente a él hablaba continuamente de forma defensiva: «Yo solo obedecía órdenes».
Al estar fusionado con el alma del hombre asesinado, Daan percibía las excusas del otro como «trompadas» reales. Terminó la sesión pálido, con náuseas y físicamente descompuesto. Desde la perspectiva chamánica, su alma fue literalmente lesionada por la falta de reconocimiento de la maldad del acto, quedando más perdida que antes de la constelación.
Manejo de espíritus
Nos recuerda que los chamanes deben distinguir entre los espíritus que ayudan y los «malos espíritus» —muertos del sistema que no han encontrado paz porque son excluidos o despreciados. La solución no es el exorcismo violento, sino darles un lugar de respeto para que dejen de perturbar a los vivos.
Alonso del Río: la ética chamánica amazónica
Desde la tradición Shipibo, Alonso del Río profundiza en el manejo de la energía y la ética del curandero.
Distingue entre el onaya (curandero), que busca el amor y la virtud, y el yubé (brujo), que usa el poder para dañar o matar. Describe que, cuando un onaya cura a un «embrujado», se entabla una batalla real contra el yubé. Si el onaya vence, el paciente sana; si pierde, ambos pueden morir.
Sobre los «amarres» o magia amorosa, los considera trabajos menores que vulneran el libre albedrío, convirtiendo al practicante en un yubé.
Bert Hellinger: los órdenes del amor y los excluidos
Hellinger nos ofrece una mirada revolucionaria: los «malos espíritus» no son entidades externas malvadas, sino muertos del sistema que han sido excluidos, despreciados o no respetados por los vivos. El sistema no descansa hasta que estos miembros recuperan su lugar en el alma familiar.
Un descendiente puede imitar por identificación el destino de un «excluido», viviendo su desgracia y culpa sin saber que es una repetición sistémica.
Hellinger también reflexiona sobre por qué se quemó a tantas brujas, vinculando este fenómeno con la imposición del celibato sacerdotal y la lucha entre diferentes imágenes de Dios. Señala que las familias a menudo ocultan o tratan como un tabú a los miembros que se dedicaron al ocultismo o al espiritismo, como el caso de una tía que presentaba síntomas de «posesión» y actuaba como médium.
La brujería y la magia en el ámbito familiar
El interés de un adolescente por la magia negra y conductas delictivas —como robar dinero— es visto por los padres como una preocupación grave. Desde el enfoque sistémico, estos comportamientos son síntomas de hechos ocurridos en las familias de origen de los padres que aún no han sido resueltos.
Hellinger critica acudir a videntes: relata el caso de un hombre cuya mujer fue diagnosticada por una vidente como «poseída por el demonio». Quien acude a estas personas, dice, acaba «poseído» por una imagen interior negativa de la que es muy difícil liberarse.
La maldición como influencia sistémica
Define la maldición como una influencia inmediata de alma a alma o de persona a persona que puede causar enfermedades. Un ejemplo concreto es la neurodermatitis, que en ocasiones actúa como una maldición que afecta a un niño inocente en lugar de a un culpable, frecuentemente originada por el enfado de una pareja anterior contra el progenitor del niño.
Las maldiciones pueden persistir durante generaciones; cita un caso de enfermedad intestinal grave recurrente causada por el resentimiento de un ancestro que fue tratado injustamente. Además, muchas personas desean el mal a otros de forma inconsciente, exponiéndolos a una mala intención sin que puedan defenderse, lo que puede robarles las ganas de vivir o enfermarlos.
El pensamiento mágico
Muchas enfermedades graves, accidentes y suicidios son desencadenados por procesos entrelazados con un pensar y actuar mágico, donde el individuo cree que a través de su propio sufrimiento puede redimir a otros de su destino o culpa. La expiación es una forma de pensamiento mágico «barato» e infantil, porque intenta pagar la salvación de otros con la desgracia propia, sin mirar realmente a la persona ni sentir el dolor por su suerte.
Menciona el caso de una madre que buscó a una curandera milagrosa para sanar a su hija mediante la imposición de manos, o que solicitó un exorcismo a un sacerdote; acciones ineficaces frente a la necesidad de descubrir el lugar de la niña en su sistema familiar.
Resoluciones sistémicas frente a la maldición
La solución para liberarse de una maldición o intención negativa no es un rito mágico, sino un movimiento de reconciliación. Se debe responder a la maldición con una bendición, abriéndose a la fuente de la vida y permitiendo que esa fuerza fluya incluso hacia aquellos que pretenden limitar nuestra existencia.
En el caso de muertos que «atrapan» a los vivos (como si fueran malos espíritus), la solución consiste en que los vivos les den un lugar digno en el corazón, reconociendo su destino y permitiéndoles descansar en paz al ser finalmente mirados con amor.
Transformar la maldición en bendición implica a menudo que el responsable de un daño honre a la víctima o a la pareja anterior afectada, rogándole que mire con buenos ojos al descendiente.
¿Es real la maldición?
Desde la perspectiva de Hellinger, las maldiciones son reales en sus efectos, especialmente en el cuerpo. La «intención negativa» o el enfado profundo de una persona hacia otra (o de un muerto hacia un vivo) enferma al destinatario.
¿Se combaten las maldiciones?
Hellinger es enfático: no se deben combatir mediante la lucha o la indignación. Combatir una «fuerza maligna» con agresividad une a la persona más estrechamente con aquello que intenta rechazar. La indignación es vista como una «maldición» en sí misma porque paraliza el amor y hace que algo muera en el alma antes de madurar. Quien se presenta como «pobre víctima» de una maldición a menudo esconde una agresión secreta o un deseo de muerte hacia el otro.
Cómo evitar y resolver estas influencias
La solución no es un rito mágico, sino un movimiento de reconciliación sistémica: responder con una bendición, reintegrar al excluido, reconciliarse con parejas anteriores y darle paz a los muertos. Si un muerto «atrapa» a un vivo, es porque no ha sido mirado con amor. Al darle un lugar digno, el muerto se transforma en un «ángel de la guarda».
Vida lejos de estas influencias (la Gran Alma)
Para vivir libre de estos enredos, Hellinger propone sintonizarse con el movimiento de la «Gran Alma», que no distingue entre buenos y malos y abarca a todos con el mismo amor. Renunciar a la curiosidad —la «noche oscura del alma»— permite estar en paz y dejar de llevar problemas ajenos. La mayor protección es asentir a todo tal como es, incluyendo lo espantoso y el propio destino, sin intentar manipularlo mágicamente. Solo la humildad nos pone en armonía con la vida y nos libera de la arrogancia de creer que podemos cambiar el destino de otros.
Brigitte Champetier de Ribes: la maldición como deuda sistémica
Champetier nos ofrece una mirada clara: cuando una persona no asume el daño que ha hecho a otro, ese acto queda en el sistema como una «culpa por pagar». Un descendiente, por fidelidad inconsciente, puede terminar «pagando» esa deuda a través de enfermedades, deudas económicas, desahucios o fracasos recurrentes. Desde fuera, parece una mala racha o una maldición familiar; sistémicamente, es un intento del clan por equilibrar el «libro mayor de cuentas».
La transmisión del trauma
Un hecho traumático no resuelto evoluciona a través de las generaciones:
- Primera generación: hecho real traumático.
- Segunda generación: conflicto emocional.
- Tercera generación: conflicto mental.
- Cuarta generación: conflicto biológico (enfermedad).
Esta cadena de repeticiones es lo que a menudo se etiqueta como «mal de familia» o maldición.
La brujería y la exclusión
Aunque el término «bruja» aparece en otros autores como una etiqueta para chivos expiatorios familiares, Brigitte enfoca la solución en la reconciliación y la inclusión. La enfermedad y el infortunio son «movimientos del espíritu» que piden que se reincluya a alguien que fue despreciado o excluido por un ancestro. La sanación ocurre cuando se deja de juzgar entre «buenos y malos» y se asiente a la realidad tal como fue.
El guion de vida como «destino»
Desde el análisis transaccional, señala que tomamos decisiones inconscientes antes de los cinco años para adaptarnos a nuestro sistema familiar. Estas decisiones forman un «guion de vida» que puede actuar como una profecía autocumplida. Si un mandato familiar es «no existas» o «no tengas éxito», el individuo actuará como si estuviera bajo un hechizo, boicoteando su propia felicidad hasta que logre pasar al estado adulto y tomar conciencia del mandato para liberarse de él.
La solución sistémica
Para desarticular estas dinámicas, Champetier propone:
- Asentir: decir «sí» a la vida y a los antepasados exactamente como fueron, sin juicios morales.
- Tomar a los padres: reconocer que la vida llegó a través de ellos, lo que rompe la dinámica de expiación.
- La solución buena: una verdadera solución «es buena para todos o no existe». Si se busca una solución que excluya o culpe a alguien —como suele hacerse al buscar culpables en la brujería—, el sistema no encontrará paz.
Conclusión
La brujería y las maldiciones, vistas desde las constelaciones familiares, no son relatos de miedo ni fuerzas externas imbatibles. Son metáforas de desórdenes sistémicos graves que solo se curan cuando el individuo asume su postura adulta, integra lo excluido y asiente con amor al destino de sus mayores.
Cada caso, cada síntoma, cada repetición es, en el fondo, una llamada silenciosa a mirar aquello que fue apartado. Y en esa mirada respetuosa, la «maldición» puede transformarse en bendición, el «mal espíritu» en ángel guardián, y el destino heredado en una vida más libre y consciente.
¿Te resuena este enfoque? Te invitamos a compartir tus reflexiones o a seguir explorando en tus propias constelaciones familiares.